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Paquete

El pedacito en que se corta cada dato de internet antes de viajar.

Un archivo cortado en cuatro paquetes numerados, cada uno con una tira de header y un bloque de datos, y vuelto a armar del otro lado

Nada viaja por internet de una sola pieza. Una foto, una página web, un segundo de videollamada: todo se corta en paquetes, bloques chicos de como mucho 1500 bytes aproximadamente, y cada uno se manda por su cuenta. Un paquete tiene un header (dirección IP de origen y de destino, puertos, un número de secuencia, algunas banderas) y un payload, la porción de datos en sí. El lado que recibe vuelve a poner las porciones en orden.

Cortar los datos es lo que hace que internet funcione. Paquetes de miles de conversaciones comparten los mismos cables, intercalados; un router procesa cada uno por separado, leyendo solo el header; si uno se pierde o llega dañado, se reenvía solo ese pedacito. Dos paquetes del mismo archivo pueden incluso tomar rutas distintas y llegar igual, porque cada uno lleva la dirección de destino completa. Este diseño, llamado conmutación de paquetes, es lo opuesto a una llamada telefónica antigua, donde se reservaba una línea de punta a punta.

Te cruzás con los paquetes cuando algo falla. La pérdida de paquetes es la proporción de paquetes que nunca llegan; con un par por ciento alcanza para que una videollamada se trabe o un juego tenga lag, porque TCP espera y reenvía. Herramientas como ping y traceroute mandan paquetitos de prueba para medir la latencia y ver qué routers hay en el camino. Firewalls, VPNs y NAT trabajan mirando, reescribiendo o envolviendo paquetes.

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