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AWS KMS

La bóveda de AWS para claves de cifrado: las usás, pero nunca salen de ahí.

Una clave maestra queda encerrada en una bóveda de KMS; cifra una clave de datos chica, y esa clave de datos cierra el archivo real

El cifrado vale lo que vale la protección de sus claves. Si guardás la clave al lado de los datos, un ladrón se lleva las dos cosas. KMS (Key Management Service, servicio de administración de claves) resuelve eso en AWS: crea y guarda las claves de cifrado adentro de hardware dedicado y resistente a manipulaciones, y vos nunca llegás a ver ni a descargar la clave en sí. Le mandás datos a KMS y le pedís que cifre o descifre, e IAM decide quién tiene permiso para pedirlo.

Para archivos grandes usa un truco llamado cifrado de sobre (envelope encryption). KMS genera una clave de datos nueva, que cifra el archivo en el lugar; después la clave de KMS cifra esa clave de datos, y la clave de datos cifrada se guarda junto al archivo. Para leer el archivo, un servicio le pide a KMS que destrabe la clave de datos chiquita. El archivo grande nunca viaja a KMS, y la clave maestra nunca sale de ahí.

La mayoría de los servicios de AWS se enchufan a KMS con una casilla: los buckets de Amazon S3, los discos de Amazon EBS, las bases de Amazon RDS y muchos más cifran sus datos con una clave de KMS. Cada uso de una clave queda registrado en AWS CloudTrail, así que podés ver quién descifró qué. Y como la clave es el único camino de vuelta a los datos, borrar una clave de KMS es lento a propósito: AWS te hace esperar unos días antes, por si fue un error.

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