Ley de Moore
La observación de que los chips meten el doble de transistores cada dos años.
En 1965, Gordon Moore, que después fue cofundador de Intel, notó que la cantidad de transistores que se podían poner en un chip se duplicaba a un ritmo constante. En 1975 ajustó ese ritmo a más o menos cada dos años. Esa predicción, conocida como ley de Moore, se cumplió notablemente bien durante casi medio siglo.
No es una ley de la física. Es una observación sobre ingeniería y economía, y durante décadas la industria la tomó como meta: planificaba cada nueva generación de fábricas para llegar a la siguiente duplicación. Los resultados se acumulan rápido: duplicar cada dos años da más o menos mil veces más transistores cada veinte años. Por eso un celular de hoy supera a las supercomputadoras de principios de los años 90, y por eso las computadoras se fueron abaratando y mejorando al mismo tiempo.
El ritmo se frenó. Los transistores ya son tan chicos que cada paso nuevo es más difícil, más lento y muchísimo más caro, y hacerlos más rápidos dejó de ser gratis a mediados de los 2000 porque los chips se calentaban demasiado. La industria sigue avanzando por otros caminos: más núcleos por chip, chips especializados como la GPU, chips apilados en 3D y varios chips más chicos empaquetados juntos. Así que se discute si la ley de Moore murió, pero su efecto, computación más barata cada año, sigue marcando a la industria.
Para quedarse
- Los transistores por chip se duplicaron más o menos cada dos años durante décadas.
- Una observación y una meta de la industria, no una ley de la naturaleza.
- El efecto acumulado hizo las computadoras muchísimo más baratas y potentes.
- Se frenó; el progreso hoy también viene de la especialización y el empaquetado.