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DHCP

El servicio que le da a cada dispositivo una dirección IP al conectarse a una red.

Un celular y un servidor DHCP se cruzan cuatro mensajes: hay alguien, una oferta de la dirección .23, la tomo, es tuya; abajo, un préstamo de 192.168.1.23 por 24 horas

DHCP (Dynamic Host Configuration Protocol) es la razón por la que podés entrar a un café, elegir el Wi-Fi y estar en línea un segundo después sin escribir ningún número. Cuando un dispositivo se conecta a una red, grita '¿hay un servidor DHCP por acá?'. El servidor, que en casa suele venir dentro del router y en una oficina puede ser una máquina dedicada, le contesta con una dirección IP libre, y el dispositivo la acepta.

La respuesta trae más que la dirección. También dice qué direcciones son locales (la máscara de subred), a qué router mandar todo lo demás (la puerta de enlace o gateway) y qué servidores DNS usar para buscar nombres. Antes de DHCP, alguien tenía que escribir todo eso a mano en cada computadora, y si dos máquinas terminaban con la misma dirección, se dejaban sin conexión una a la otra.

La dirección es un préstamo (lease), no un regalo: se presta por un tiempo, de minutos a días, y el dispositivo la renueva solo mientras siga ahí. Cuando se va, la dirección vuelve a la bolsa para el próximo. Las impresoras y los servidores que tienen que estar siempre en el mismo lugar reciben una reserva: el servidor le da siempre la misma dirección IP a ese dispositivo, al que reconoce por su dirección MAC.

Cuando algo falla, DHCP es un sospechoso habitual. Si tu computadora muestra una dirección que empieza con 169.254, preguntó y nadie le contestó, así que se puso una dirección provisoria que no llega a internet. Reiniciar el router o apagar y prender el Wi-Fi suele disparar un pedido nuevo.

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